Diego Licenblat arriba al arte como un escultor hiperrealista, sus imágenes mas reales que lo real lo instalan muy cerca del escultor australiano Ron Muek. La presencia mágica de la piel, los ojos, la mirada, nos remiten al doble, la sombra, el otro. Bordea el universo humano con respeto, ironía e inteligencia. La retórica individual, que logra imprimir en cada una de sus obras propone un cuestionamiento acerca del ser, de la vida y de la muerte. Atraviesa tanto el mundo real como el fantástico, con la destreza técnica y la calidad matérica que le permiten jugar, con la libertad…